Selección y segmentación: la piedra en el zapato de la educación en Ñuble

Por Carlos Rodríguez Garcés/Geraldo Padilla Fuentes:


Durante la última semana del mes de noviembre 8.194 estudiantes de nuestra región de Ñuble han rendido la PSU con objeto de hacerse de una vacante en el Sistema de Educación Superior. En un contexto donde las familias apuestan por la continuidad de estudios para mejorar empleabilidad y movilidad social de sus hijos, donde las pruebas de admisión se alinean con el currículum de enseñanza media, se revalora la trayectoria escolar a través del Ranking y el NEM, y se establecen políticas de gratuidad para participar del proceso, la rendición de la PSU se constituye en un rito obligatorio y de aplicación universal para el estudiante de enseñanza media. En efecto, los datos reportan que cerca del 98% de quienes han egresado de educación secundaria la rinden.

Este acceso prácticamente universal de la PSU permite develar año tras año el déficit en la instalación de competencias y habilidades que tiene nuestro alumnado, fruto de un sostenido, injusto y arbitrario proceso de segmentación. A este respecto los datos son claros. Es cierto que no todos rinden igual, pero es vergonzoso que los puntajes alcanzados por un estudiante estén determinados por su origen social, nivel de ingresos y tipo de colegio al que se tuvo acceso. Proyectando cifras oficiales del proceso de admisión del año anterior, 1 de cada 3 estudiantes que rinden la PSU en Ñuble obtendrán menos de 450 puntos, barrera establecida por el sistema de admisión para tener derecho a postular a una universidad, y que para el caso de Matemáticas equivale en puntaje corregido a tener menos de 18 preguntas correctas (23% del total de preguntas que conforma esta prueba).

El problema no es la selectividad que tiene la PSU, más bien su distintivo sesgo de clase con ocasión de los diferenciales capitales educativos que la escuela ha logrado instalar. De los postulantes de la región que estudiaron en colegios que atienden preferencialmente a sectores de clase baja, padres obreros con baja escolaridad y renta, 1 de cada 2 (49,1%) no supera la barrera de los 450 puntos, y un 70,3% no alcanza el puntaje que le permitiría por ejemplo estudiar pedagogía (500 puntos). Como contraparte, los alumnos que cursaron la enseñanza media en colegios que atienden a los sectores más acomodados de la región, padres profesionales con educación superior completa y altos ingresos, tan solo un 3,4% no supera la barrera de los 450 puntos, y un escaso 12,7% está por debajo de los 500 puntos. Ello explica por qué en los salones de clase de carreras de alto prestigio social, de altas rentas e impartidas por universidades selectivas, estén sobrerrepresentados los estudiantes de las familias de mayores ingresos. Si el talento se distribuye homogéneamente en todas las capas sociales, estas profundas brechas interpelan a la sociedad en su conjunto, pero en particular al sistema educativo en torno a su escasa capacidad para compensar la precariedad del hogar e instalar competencias en el manejo de un currículum supuestamente universal.

Se hace necesario y urgente emprender medidas inclusivas, oportunas y eficientes para corregir las profundas brechas que evidencia el sistema educativo. Con el fin de instalar una sociedad que, reconociendo el talento individual, sea capaz de otorgar a todos los habitantes de un territorio las mismas oportunidades de tener una educación de calidad y a desarrollar sus intereses vocacionales de carácter profesional con independencia de su cuna u origen social.


Opinión publicada www.ladiscusion.cl