Ñuble y sus desafíos en el empoderamiento regional

Por Esteban Valenzuela 


Ñuble y sus desafíos en el empoderamiento de las regiones.

Ñuble ha ganado su reconocimiento como nueva Región y fondos históricos con un FNDR de cerca de 50 mil millones de pesos que deberá destinar de manera armónica entre las tres provincias, así como en el gran Chillán metropolitano, las ciudades intermedias y la ruralidad con rezagos y brechas de pobreza y servicios. Es un imperativo ético al conocerse que junto con la Araucanía, son las dos regiones de menores ingresos por familia. Como lo ha estudiado Julia Fawaz del Centro de Investigación Ñuble-UBB, los micro emprendimientos no son suficientes para mejorar la equidad rural y la igualdad salarial de las mujeres, requiriéndose una alta inversión en infraestructura, nuevos negocios y superación de las brechas digitales y educacionales del Itata.

La nueva Región nace en momentos de transición hacia la elección de gobernadores el 2020, a la creación de gobiernos metropolitanos dependientes del GORE con su consejo de alcaldes y a la esperada puesta en marcha de las  nuevas divisiones de los gobiernos regionales establecidas por ley, que buscan precisamente enriquecer el quehacer de los Gobiernos regionales: inversión y movilidad (para ayudar a las comunas con menos proyectos y optimizar recursos en movilidad), desarrollo social (para pactar con los municipios y las agencias centrales inversión relevante en los territorios rezagados) y fomento e industrias, esperando que las regiones dinamicen su desarrollo endógeno uniendo conocimiento-innovaciones y nueva política industrial y agroecológica.

Por lo anterior, son tiempos claves en materia de regionalización. En el caso chileno denominamos el proceso como de “flexigobernanza dual incremental” al connotar que cada gobierno regional pedirá nuevas competencias según su realidad y en forma gradual incremental con evaluación (se le puede revocar una competencia si lo hace mal) o las recibirá de oficio durante el ejercicio de este segundo Gobierno de Sebastián Piñera.

Ñuble tiene, entonces, la triple responsabilidad de actuar con mucha cooperación entre los actores- como lo hizo ejemplarmente en su lucha por ser Región-, ya que es la segunda región con mayor pobreza, concentra la inversión en el Gran Chillán y debe romper lo mismo que criticó a Concepción sobre centralismo intrarregional.  Deberá mostrar osadía para pensar sus propios programas en diálogo GORE-CORE con actores claves.

A su vez, ante la duda de algunas autoridades sobre su capacidad para ejecutar proyectos, la nueva Región debe apoyar a las comunas más débiles en equipos profesionales de proyectos y lograr el gasto adecuado de sus fondos, donde universidades como la UBB tienen vocación birregional y experiencia en planes de desarrollo y proyectos con diálogo intercultural con los actores territoriales. Junto a la UDEC- Campus Chillán deben fortalecer el Consorcio universitario por el Buen Gobierno en la novata Región de Ñuble, aunque “veterana” en construcción de identidad desde su rica cultura. La impetuosa nueva Región no puede fallar y saber generar redes virtuosas de cooperación transversal; el verbo que la construyó.


Opinión publicada www.ladiscusion.cl